Caminos elevados y horizontes abiertos
Las sendas trepan con determinación, cruzan jaras aromáticas y collados pedregosos, hasta regalar balcones naturales donde la vista corre libre. En días claros, la luz talla perfiles limpios; cuando llega la niebla, el mundo se reduce a la respiración y el crujido de las botas. Caminar aquí enseña a medir el ritmo, a guardar fuerzas para el regreso y a reconocer en cada piedra una brújula pequeña que apunta a la calma.